Cuaderno de tesis

Leer para escribir 1

Posted by Marita Grillo en 09/01/2009

libros

¿Por dónde empezamos a leer?

“Tantos libros y tan poco tiempo” no es solamente un eslogan, sino una condición permanente del trabajo intelectual, que nos obliga a buscar estrategias para lidiar con una ingente masa de impresos y de materiales electrónicos.

Para un trabajo final de maestría, una tesis o una tesina, hay que leer. ¿Cuánto? No hay una sola respuesta, pero hay algunas condiciones que convendría tener en cuenta:

  1. La recopilación del material es permanente. No se limita a la primera etapa de recogida del material, la que solemos identificar con el nombre de estado de la cuestión o estado del arte. Por tratarse de un trabajo académico de larga duración, corresponde  revisar periódicamente los catálogos de bibliotecas, las novedades editoriales y los sumarios de las publicaciones periódicas que más hemos consultado. De todos modos, en algún momento pondremos un corte y lo indicaremos en nuestro trabajo, por vía de nota (por ej.: “el relevamiento bibliográfico se realizó desde… hasta…”, o “se registra la bibliografía publicada hasta…”).
  2. Corresponde manejar bibliografía actualizada. Cuanto más “moderno” sea el tema de mi trabajo, mayores esfuerzos habrá que realizar para conseguir y leer la más reciente producción intelectual sobre él. Si un libro ha sido reeditado, conviene revisar qué cambios se han introducido respecto de la anterior.
  3. Es preciso contar con material de primera mano si producimos nuestro trabajo a partir de un cierto paradigma, de alguna idea central, de conceptos básicos provenientes de cierta obra o de un autor determinados. No pueden ser fuentes secundarias, obtenidas por vías indirectas.
  4. Es necesario registrar todo. Tal vez tengamos una sola oportunidad para ver un libro y no podemos desaprovecharla. Un excelente apunte de un libro del que no anotamos datos de su edición es un apunte inútil. En ese encuentro con el material difícil, hay que registrar la mayor cantidad de información sobre él: datos de edición, índice, anexos; inclusive la forma como hemos llegado a él. Tal vez alguien nos pregunte cómo lo obtuvimos.
  5. Leer mucho: leamos lo más posible, para tener un panorama sobre cómo, cuándo, y por quién(es) ha sido trabajado antes nuestro tema. Selección del material no significa escasez, sino aplicación de un algunos criterios para decidir con cuáles libros y artículos haremos nuestro trabajo.
    A veces algunas tesis o monografías exhiben (innecesariamente) una enorme cantidad de bibliografía, que es más bien registro de lo que se ha leído antes que registro de lo que se ha referido o empleado en el trabajo.
  6. Categorizar el material: no todos los libros nos darán lo mismo, y un libro puede darnos varias cosas diferentes. De uno, puede interesarnos la manera como se abordó un tema; aunque no tenga nada que ver con nuestro objeto, lo que nos interesa es el enfoque y la forma de tratamiento. De otro, puede servirnos la perspectiva teórica, el marco conceptual. El tercero nos da un panorama general, pero es un libro de referencia, orientador, pero que no citaremos. Un cuarto libro puede ofrecernos algo de todo esto.
    Así, entonces, tendremos que organizar nuestros registros para esos diversos usos de la bibliografía, aunque esos “usos” no están tan claros de entrada. A veces no sabemos exactamente qué vamos a buscar a un libro, o descubrimos, con el paso del tiempo, que tenemos que volver a buscar otra cosa.

Continuará…

 

 

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